Por Luis Enrique López Carreón
Se le atribuye al escritor argentino Juan Solá, la frase aquella que dice: “el cielo es una promesa para que los pobres no reclamen la tierra”. Muchos dicen que esta frase encierra una reflexión crítica, que señala cómo las promesas religiosas de una vida futura pueden utilizarse para desmovilizar la lucha por la justicia social, y la propiedad de la tierra en el presente.
Yo interpreto la frase de Solá de una manera más simple y útil para todos: Todas las promesas de los gobiernos actuales acerca del futuro, tienen como objetivo desmovilizar la lucha por la justicia social en el presente.
Y para apoyar la opinión de hoy, quiero referirme a las promesas muy difundidas del gobierno estatal actual, acerca de todo el bienestar futuro que dicen nos va a traer a todos los colimenses, las obras de ampliación de la autopista en el tramo comprendido entre Colima y Manzanillo.
Para empezar, debo decir, que, la obra en sí fue denominada desde su inicio como, “Corredor logístico carretero del Estado de Colima”, y que el gobierno la anunció como parte de un proyecto estratégico para fortalecer la conectividad, competitividad y desarrollo económico de la entidad (www.col.gob.mx). Nunca jamás para nada, se ha mencionado el beneficio que traerán las obras para el desarrollo social tan necesario en el Estado.
Y he de decir que este “Corredor logístico carretero”, no significará una inversión despreciable de recursos públicos. Al dar a conocer el avance de las obras, los directores de Seidum y SITIC anunciaron el 12 de enero pasado en el portal oficial del gobierno, lo siguiente:
“Entre las acciones ya concluidas, (Seidum) destacó la puesta en operación de la carretera Transvolcánica, con una longitud de 16.5 kilómetros, y la construcción del segundo ingreso al Puerto de Manzanillo, una obra de 2.5 km para mejorar la logística portuaria y el flujo vehicular en esta zona estratégica. Respecto al Macrolibramiento Sur de Colima, se informó que se desarrolla la construcción de una autopista tipo A4, con una extensión de 28 kilómetros y una inversión superior a los 3 mil 697 millones de pesos. Actualmente, el proyecto ejecutivo presenta avances del 95 al 100 por ciento”.
“De la ampliación de la autopista Colima-Manzanillo, en el tramo entre la capital del estado y el municipio de Armería, que incluye la zona de «La Salada», Christopher Lucas Ochoa, director del Centro SICT Colima, recordó que se modernizan 43.1 km para pasar de cuatro a seis carriles, con inversión de 3 mil 613 millones de pesos; «el proyecto ejecutivo se encuentra prácticamente concluido en todos sus tramos, mientras que la construcción presenta avances graduales que van del 5 al 25 por ciento”.
Finalmente, detalló que “la ampliación de cuatro a seis carriles del tramo Armería–Manzanillo de dicha autopista, reporta un avance del 59 por ciento. Esta obra se desarrolla en cinco frentes de trabajo, algunos de los cuales ya registran progresos cercanos al 100 por ciento”.
Y todo esto, sin sumar aquí la inversión millonaria en la construcción de los pasos superiores vehiculares llamados Arco Norte y Arco Sur, con avances superiores al 77%, que según se dice, mejorará la circulación al conectar el Tercer Anillo Periférico con avenidas clave.
Para cualquier mente desprevenida y sin prejuicio alguno, al conocer toda esta obra carretera en ejecución, no puede uno sino sentir admiración al imaginar todo el bienestar que estas obras pudieran traer para el desarrollo futuro en general detodo el Estado. Pero viendo las cosas más de cerca, esto no parece que será así.
Sólo dos datos quiero aportar, que, vistos de cerca pudieran ubicarnos objetivamente en la realidad que vivimos, y también en la que irremediablemente viviremos en el futuro.
Primero. Desde la primera ampliación de cuatro a seis carriles que se hizo en el tramo de la autopista conocido como Colima-Los Asmoles en el año 2016, los vecinos de la zona agrupados en el Movimiento Antorchista, dirigimos una protesta a la entonces Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), por haber cancelado definitivamente debido a la obra, el único paso de acceso vehicular que había para ingresar a la comunidad de Los Asmoles y sus alrededores, y a todas las comunidades del municipio de Ixtlahuacán, incluida su cabecera municipal.
Pero junto con la protesta, propusimos una alternativa de solución: un puente de acceso sobre la autopista Colima-Manzanillo. Sin embargo, nuestra elemental petición recibió siempre oídos sordos.
Los pobladores más ingenuos creyeron que, después de innumerables protestas, con la llegada del nuevo gobierno federal, cuyo slogan de campaña había sido “Primero los pobres”, su clamor por fin sería escuchado, y el atropello reparado en bien de todas las poblaciones de la región afectada. Pero no fue así.
Diez años después, el atropello insolente no sólo se mantiene; sino que, al contrario, por lo que ya leímos líneas arriba, este abuso se magnifica. La realidad no deja lugar a dudas; estamos peor. Con Morena, cero inversiones para los pobres, y miles de millones de pesos para los ricos empresarios.
En segundo lugar, se nos dice también, que las obras anunciadas buscan implícitamente disminuir con la ampliación de la autopista, los múltiples accidentes mortales que sufren los turistas y usuarios continuos de esta vía, debido a la saturación vial a cargo de las unidades de transporte de carga pesada. Pero creer esto, significaría que nuestra ingenuidad ya no tiene comparación.
La gobernadora ha dicho a los medios cada vez que tiene oportunidad de hablar sobre el tema, que, “…si tenemos el puerto más importante del país, merecemos las mejores carreteras, y para nadie es un secreto que el puerto es la principal fortaleza y oportunidad económica del estado”.
Sin pensarle mucho, esto quiere decir, sin más, que la ampliación de carreteras está pensada para el uso y circulación, preferentemente, de los vehículos de carga pesada que entran y salen del Puerto cargados con todo tipo de mercancías. Esa fila interminable de tractocamiones de doble remolque que transportan contenedores, es el flujo vital que mantiene e incrementa la riqueza de los grandes empresarios nacionales y extranjeros.
Esto quiere decir, entonces, que, en aras del gran capital, las muertes por accidentes en la autopista Colima-Manzanillo, son pequeños sacrificios que los empresarios están dispuestos a aceptar.
La conclusión no puede ser otra: reclamemos desde hoy, organizadamente, el bienestar que los poderosos y sus gobiernos nos promete para el futuro. Ojalá que así sea.
